Mala práctica periodística: una amenaza para la verdad y la democracia

Por: Samuel Vasco

Ante las constantes suspicacias que despiertan términos como objetividad o verdad, es oportuno plantear una reflexión indispensable: ¿cuál es la verdadera obligación del periodismo en la actualidad?
Disciplina, rigor, ética y métodos verificables constituyen los pilares que permiten otorgar credibilidad a la información y asegurar que el público reciba datos dignos de su confianza.

No obstante, la realidad muestra un panorama preocupante. Aprendices del periodismo, disfrazados de víctimas, se amparan en discursos de supuesta libertad informativa para justificar prácticas que traicionan el sentido más elemental del oficio.

Lo que debería ser servicio público se ha convertido, en manos de algunos, en instrumento de resentimiento, intereses personales, ajustes de cuentas y persecución contra personas e instituciones.
Esa conducta no responde al interés ciudadano, sino a motivaciones protervas que nada tienen que ver con la esencia informativa.

¿Qué define al buen periodista?

El buen periodismo es una búsqueda honesta y rigurosa de la verdad —o al menos de una parte sustancial de ella.
Consulta todas las fuentes posibles, incluso aquellas difíciles o incómodas de alcanzar; verifica cada hecho, contrasta versiones y expone con claridad la calidad de las pruebas. En su forma más auténtica, el periodismo se ejerce como testimonio directo y responsable de los acontecimientos relevantes para la sociedad.

Realidades que no se pueden callar

En nuestra ciudad, resulta imposible hablar de “periodismo con pasión” o de “aires de libertad” cuando persisten prácticas que degradan el oficio:


actores que se presentan como mártires de la verdad mientras ejercen el chantaje, manipulan datos, inventan acusaciones o buscan coimas bajo la excusa de investigar, atropellando incluso a sus propios colegas con tal de alcanzar objetivos oscuros.
¿A qué costo se autoproclaman dueños de la verdad?
La respuesta es visible: la mediocridad se impone cuando la ignorancia y la prepotencia encuentran refugio tras un micrófono o una cámara.

Una amenaza que trasciende fronteras

Las informaciones falsas, manipuladas o sensacionalistas, así como los abusos registrados en plataformas digitales, constituyen una seria amenaza para la democracia, y abren frentes de lucha para quienes defienden la libertad de expresión y la integridad del oficio periodístico.
La combinación tóxica de tecnologías digitales, prácticas políticas corruptas y explotación comercial del nuevo ecosistema comunicacional está fracturando el espacio público y erosionando la confianza colectiva.

Nuestro llamado

Frente a este escenario, reafirmamos la necesidad de recuperar la esencia ética del periodismo, rescatar su credibilidad y recordar que la palabra pública conlleva responsabilidad.
La sociedad merece información verificada, no espectáculos; análisis, no injurias; servicio, no manipulación.

La prensa libre es pilar de la democracia. La mala práctica periodística, su mayor amenaza.

Actualidades.ec

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *