Por: Samuel Vasco
La música nacional y el arte latinoamericano están de luto. El pasado 6 de abril de 2026, a la edad de 71 años, se apagó la voz de uno de los referentes más grandes de la identidad sonora del país: Gustavo Velásquez. El icónico intérprete falleció tras una valiente batalla contra el cáncer, dejando un vacío irreemplazable en los escenarios y en el corazón de su público.
Un legado de seis décadas
Con una trayectoria artística que superó los 60 años, Velásquez no solo fue un cantante, sino un embajador de la alegría popular. Su nombre quedó grabado en la historia de oro de la música ecuatoriana, principalmente por su etapa dorada como vocalista de la orquesta Don Medardo y sus Players.
Su voz dio vida a himnos que hoy forman parte del patrimonio cultural del país, destacando éxitos inmortales como:
- El Aguajal
- Cumbia Chonera
- Mentirosa
- La Luna y el Pescador
Más allá de los escenarios
Gustavo Velásquez fue un hombre de una profundidad intelectual notable, logrando equilibrar su pasión por la música con la academia. Además de su éxito en las tarimas, se destacó como abogado y sociólogo, facetas que le permitieron entender y conectar de manera única con la realidad social del pueblo ecuatoriano al que siempre cantó.
El último adiós
Su partida marca el final de una era para la cumbia andina y tropical. Colegas, instituciones culturales y seguidores han expresado su pesar ante la pérdida de quien fue, por derecho propio, bautizado como el “Amo de la Cumbia”.
Se espera que en las próximas horas se anuncien los homenajes póstumos para que la ciudadanía pueda despedir a este baluarte de la cultura nacional.
